La Brea.


 En este algoritmo al que llamamos vida en la realidad 101, realidad del universo al que pertenezco, cada "ser" se ve envuelto en su propio ciclo. De generación en generación se transmiten enseñanzas, costumbres, creencias y calamidades. 

En el lecho profundo del espacio donde se ocultan mis emociones más coléricas, sin querer le dí vida a un espectro que se convertiría en uno de mis monstruos más aterradores, La Brea.

El Psychoville es un lugar para soñar, dónde de manera efectiva absolutamente todo escapa de la realidad, pero como en las más alegres de las ilusiones siempre debe existir un villano para contrarrestar al personaje principal, en el mío no podía falta alguno. 

En ocasiones puede sentirse un olor fétido por las calles de Psych, momento en el que se debe tener excesivo cuidado con lo que se desea, puesto que oculto entre la neblina se avecina aquel fantasma que como sombra espectral se arrastra dejando su Brea por todo el camino. Alimentado de las ilusiones y sueños de todo aquel "ser" compuesto por carne, presume su apetito voraz y se jacta de haber probado las más exquisitas aspiraciones. Su hogar es el lago, ese que puede verse en la entrada de Psychoville, dónde los esqueletos juegan, bailan y pasean con sus trajes de burgueses victorianos con sombreros de copa.

Allí en dónde no se escucha la música de la ciudad se presume que han habido innumerables banquetes, pero no se confundan, no es como los monstruos de los cuentos que te tragan con su enorme boca; La Brea te consume desde dentro y te atrapa con solo inhalar un poco de su amargura. Nunca permitas que te toque o vivirás en una fiesta de época eterna. 


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