Un relato corto: El Sr. Bosco Esteves


Don Bosco es un hombre gordo, grande, tosco y muy desagradable. Suele lamer sus labios de manera lasciva y limpiar la saliva que deja en ellos con sus manos. Es arrogante, abusivo, humilla a su mujer y no corrige a sus hijos cuando toman un mal comportamiento.

De entre los tantos vicios que acumula Don Bosco hay uno en particular que le ha generado conflictos a lo largo de su vida de casado; Las jovencitas.
Para alterar aún más los nervios de su pantalón estaba su vecina Suzie, una hermosa quinceañera de escotes largos y faldas cortas, cabello rubio y piel blanca que solía entretener a los muchachos de la cuadra con su gracia y encanto.
Suzie no era ajena a las miradas de Don Bosco, es más, para ayudar a su obeso vecino a amansar sus dolores, tomaba el sol en las reposeras de su patio junto a la piscina con trajes de baño incluso más pequeños que sus partes más íntimas. Bosco Esteves que alguna vez pudo hundir en lo más profundo de su psique sus deseos carnales, no concibió voluntad para resistirse a esta vista tan maravillosa proporcionada por la chiquilla, quien en un día cualquiera al asegurarse de que la estaba mirando le hizo una seña de invitación al patio.
Sin duda alguna y con gran prisa, Don Bosco salió por la puerta trasera de su casa para adentrarse en la jardinera de helechos colgantes que daban a la casa de su vecina, para darse cuenta que en su desespero aquella jardinera parecía interminable y el paso del tiempo agobiante para su miembro que caía agotado por la falta de sangre.
Al llegar a la alberca se dió cuenta que su querida Suzie ya no estaba y que de cerca la casa parecía más sucia y descuidada. Distraído por el dulce aroma del perfume dejado por su ardiente vecina, emocionado y exitado, Don bosco decide dejar pasar desapercibido aquel olor fétido que se avecinaba con solo caminar al portico de la casa de Suzie; así que decide ir a buscarla dentro.

Don Bosco no iba a rendirse en su busqueda puesto que había estado deseando ese encuentro con mucha fuerza hace tanto tiempo que cualquier peligro valdría la pena.
Al entrar, una estela de cabello rubio lo hizo llegar hasta la sala de estar en dónde las risas coquetas de la niña lo hicieron subir por las escaleras, llevándolo hasta el baño principal. Por la pequeña abertura que dejaba la puerta podía verse una luz tenue que alumbraba un pequeño cuerpo en desarrollo desnudo dentro de una tina, entusiasmado Don Bosco se apresuro a entrar.
La dulce voz de la muchacha lo invito a unirse a la bañera, ni corto ni perezoso este hombre se apuró en quitarse sus ropas, entró a la bañera de manera forzosa por su gran tamaño y se abalanzó sobre la chica.
Estaba tan ensimismado liberando sus deseos que solo cuando buscó besarla fue que se percató  de que el rostro de Suzie estaba ausente; asustado, intentó salir de la tina pero el agua que le rodeaba ya se había convertido en un líquido viscoso negro que parecía haberse tragado la mitad de su cuerpo. La cara de espanto de Don Bosco bailaba al son de La Brea que se lo estaba engullendo y sus gritos desesperados eran ignorados por el espectro sin rostro estático que había servido de trampa para atraparlo.

Los vecinos se mudaron y con el tiempo la esposa de Don Bosco dejó de buscarlo y sus hijos, acostumbrados a la ausencia de su padre nunca lo extrañaron. Hace ya un tiempo que se ha visto rondar a un esqueleto de gruesos huesos que se lamenta bajo el puente por no recordar de dónde viene ni a dónde va. Psych lo visita de vez en cuando solo para asustarlo, parar jugar con su memoria y hacerle recordar y olvidar constantemente el día que La Brea le concibió su más profundo, psicótico y anhelado sueño.

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